Nuestros Himnos Nacionales
La América Hispana se
distingue de cualquier otro continente porque todas sus revoluciones
independentistas sucedieron en un período histórico acotado,
en cuyo transcurso, y pese a los matices de cada región, el trasfondo
de la unidad cultural e ideológica de sus pueblos tuvo una nitidez
innegable.
Esta verdad se aprecia
rápidamente si se cotejan los Himnos Nacionales de las repúblicas
hispanoamericanas. En casi todos ellos el tono es idéntico, iguales
son las palabras y los anhelos, similar la épica, exacta la pasión
libertaria. Son la misma historia hecha verso, y luego arenga,
clarinada y entrechocar de aceros. No nos fue fácil parir la Libertad,
pero al menos para quienes pusieron música y letra al servicio
de la Independencia hubo hasta en las más horrendas batallas un
costado estético, diríase que bello: el del heroísmo, la abnegación
y el coraje, virtudes que tampoco saben de límites o fronteras.
Poco menos de dos siglos después de su creación, es irónico que
estas simétricas canciones populares aún sean percibidas como
elementos identificatorios de cada país, cuando lo cierto es que
son una sola.
No estaría de más que
el estudio de los Himnos Nacionales de todos nuestros
países fuese adoptado en cada una de las escuelas del continente,
para que nuestros niños sepan cantarlos y aprendan a respetarlos
como propios. Con esta ilusión es que aparecen aquí todos juntos,
en una reunión que sin duda habría sido del agrado de aquellos
hombres y mujeres que hicieron posible la epopeya de nuestra Patria
Hispanoamericana.

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